jueves, 3 de diciembre de 2009

EN APOYO A LA LUCHA DE AMINETOU HAIDER


La guerra que no termina. La del poderoso contra el débil; la del invasor, el conquistador imperialista que se va extendiendo como una metástasis, la guerra eterna de los hombres ciegos.
Aminetou Haidar, apresada, torturada y humillada en su propia casa por las fuerzas de ocupación marroquíes, y premiada por diversas instituciones internacionales por su lucha pacífica en defensa de los Derechos Humanos, resiste en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote como el más bravo de los habitantes del desierto, y nadie lo hace como ellos.
Desde hace dos semanas está en huelga de hambre ante nuestros ojos y frente a los ojos del mundo, expresando sin violencia, pero con una tenacidad y una perseverancia admirables, que tiene derecho a regresar a su casa, a una patria libre de ocupación.

No podemos permitir que Aminetou muera. Pero ella sigue en huelga de hambre porque no hay tiempo, ni más remedio que resistir sin matar, resistir hasta morir. No hay tiempo porque al pueblo saharaui, en estos casi treinta años de indiferencia internacional, se le han ido muriendo los viejos, y los niños marroquíes se hacen adultos en el territorio que sus padres ocuparon. Y no hay más remedio porque al invasor armado lo fortalece el silencio, cuando no el apoyo, de los organismos internacionales. Corre el reloj a favor del Reino de Marruecos: ¡Que espere el mundo! Que los que no matamos en prisión los hacemos víctimas de hambrunas, de sed, en riadas, o en huelgas de hambre, tan épicas como inútiles, y se les acaba el tiempo y la memoria... ¡Dilatemos para vencer!

Ojalá ni una sola persona tenga que morir lejos de los suyos porque otras personas se lo impidan. Ojalá la valentía de esta mujer, que es un ejemplo de dignidad y coherencia, suponga la visualización, la consideración de la injusticia que está sufriendo su pueblo, oprimido y dividido, y dejado de la mano de Alá entre las dunas del Sáhara y el ejército marroquí.

Porque, aún, cuando las más cívicas de las avanzadillas comienzan a plantear la supresión de las fronteras, otros levantan alambradas y establecen criterios de tránsito, nadie vaya a pensar que Aminetou pone en riesgo su vida por no aceptar la condición de refugiada, o un pasaporte de gracia español que le ofreció el Sr. Moratinos. No, Aminetou se enfrenta a la muerte porque su casa le fue usurpada, y, ni allí la dejaron jamás en paz; no, Aminetou no teme a la muerte, como miles de sus compatriotas, que defienden el derecho al carácter y calidad de su pueblo, y su reconocimiento.

Y tenía que ser una mujer, cansada de tanta injusticia y vejaciones, la que, sentada en el suelo y abrigadita con su manta, representara el punto de inflexión más importante en la lucha del pueblo saharaui en los últimos tiempos, un punto de giro cuya dirección esta mujer pone en nuestras manos, bien marcada hacia la resolución pacífica del conflicto, aun a costa de su propia vida.

No la podemos dejar morir. Hay que unir nuestras voces en la exigencia de una solución inmediata a su situación; hay que reclamar que pueda volver a su tierra, el Sáhara Occidental, garantizando su integridad física y su libertad.

Pero, también debemos de ser conscientes de que Aminetou nos ha pasado el testigo. Ya no queda tiempo. Es el momento de exigir que de una vez por todas se respete la dignidad y soberanía del pueblo saharaui y su derecho a vivir libres y en paz. ¡No le podemos fallar!



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